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sábado, junio 02, 2012

No me refiero al oficio de escritor sino al oficial deseo de escribir por escribir


Cuando se pasa mucho tiempo sin escribir los dedos se oxidan, como las teclas de una vieja máquina de escribir. Las ideas y las formas nunca se van pero el vehículo para trasladarlas suele averiarse y necesita mantenimiento, dejarlas salir se hace complicado. Cuando se escribe, se quiere expresar algo, exorcizar los demonios, aligerar las penas, contar una historia, un sueño, hacer una crítica o compartir tu mundo interior ese en el que habitan las ideas.

Hace poco me encontré con un viejo amigo de la familia en una de esas protocolares reuniones a las que se debe asistir por compromiso y me preguntó: - "¿Cómo están sus poemas? ¿ha seguido escribiendo?"-.

No, no he vuelto a escribir en mucho tiempo, ni en las servilletas, ni en mi moleskine, ni en mi blog. Hace tiempo que las ideas están encerradas, yo junto a ellas, entregada a un proceso de interiorización bastante prolongado, para conocerme mejor no sé si con la firme intención de aceptarme o con la dudosa tarea de cambiar lo que no me gusta o siento que no está bien.

- "¿Cómo que no ha escrito más? recuerdo incluso sus poemas de cuando era una muchachita, siempre me gustó leerla, vamos no lo deje a un lado eso es algo digno de cultivar para toda la vida"-

Sus palabras me pusieron a pensar. A pesar de seguir siendo una persona muy crítica ya no siento esa necesidad, tan familiar en otros tiempos, de decir lo que siento a cada paso. Estoy encerrada en mi mundo y ahora cuestionándome si el encierro que comenzó como una interiorización se ha transformado en una especie de autocensura. Entonces comparto la carga y reparto una parte de la culpa a esta ciudad en la que vivo, su violencia me está llevando de los tonos grises a un negro absoluto. Pienso demasiado y estoy cansada.

Leí por ahí que la tristeza es adictiva. La soledad también, debo agregar, es un peligroso gusto adquirido.

Un paso a la vez, dicen. Hoy he vuelto a escribir, mañana será otro día.






domingo, febrero 27, 2011

Fotoperiodismo. Charla abierta con el fotoperiodista Walter Astrada



Ayer tuve la oportunidad de asistir a una charla abierta con el fotoperiodista Walter Astrada en la sede de la Escuela Fotoarte. Creo que todavía en los días por venir iré asimilando mucho más cada una de las palabras que compartió con los asistentes a la misma, fue una experiencia inspiradora.

No podría llegar a escribir acá todo lo que se me quedó grabado de esa charla porque esto se convertiría en un post demasiado largo, ya de por sí intentando resumir resultará extenso.

Lo primero que resaltó en mi catársis al terminar la charla fue esa desmitificación de la imagen que pude llegarme a formar de un fotoperiodista; ¡vamos! que no es lo mismo leer una entrevista, ver un documental o un libro que la experiencia de una charla sin pretenciones con uno de los mejores diciendo "Este es mi trabajo, así lo hago, así me siento, así es el medio que rodea lo que hago...". Una de las cosas que me llegó mucho fue algo que dijo Walter, que parafraseo por no recordar textualmente, "la gente espera que los fotoperiodistas seamos bomberos, enfermeros, camilleros... pero lo que mucha gente no sabe es que cuando fotografiamos ciertas situaciones ya hay personas allí ayudando o que luego de un par de fotos la situación se detuvo o que simplemente no hay nada que puedas hacer para detener la situación y logras más haciendo una fotografía para contarlo, al final de todo ese es nuestro trabajo". Nos dio ejemplos con varias fotografías bastante impactantes. En una en la que se ve un hombre herido y completamente bañado en sangre (es otra toma que no se encuentra en su página web) nos explicó todo el contexto: "¿ven ese joven que está a un lado de ese hombre? ¿ven la sangre en sus zapatos, en sus jeans y en sus manos? pues ese joven estaba ayudando a ese señor en ese momento... ¿ven la posición de las piernas y ese pie levantado? ¿por qué creen que están en esa posición? ¡comenzaron a disparar de nuevo! ¿cuál fue la primera reacción del joven? soltar al hombre y correr a protegerse ¿cuál fue mi reacción? correr a protegerme... somos humanos todos y es una cuestión de instintos básicos, es lo que todos haríamos al momento en una situación semejante."

Luego nos mostró otra fotografía en la que un hombre estaba siendo golpeado por 8 hombres y la cual ha hecho surgir la típica pregunta "¿y no hiciste nada para defenderlo?" a lo que Walter comentó: "íbamos en el automóvil, vemos que 8 hombres están golpeando a otro, OCHO HOMBRES ¿ustedes se enfrentarían? ¿lo harían? mírenme (haciendo alución a su contextura delgada) yo tampoco iba a hacerlo, pero lo que no se ve en la foto (esa fue la primera toma) es que luego de un par de tomas la situación se detuvo y los hombres dejaron de golpearlo, probablemente por la presencia misma de las cámaras. Pero también hizo énfasis que así como muchas veces eso puede detener una situación, otras veces, que noten tu presencia y qué hagas ciertas fotos, pueden hacer que maten a alguien, todo depende de la reacción que cause el primer disparo de la cámara.

Todo esto me hizo recordar un reportaje que leí hace algunos días sobre Kevin Carter y su famosa foto que ganó un Pulitzer con "la niña" (en realidad era un niño) que aparece de cuclillas sobre la arena y muy cerca un buitre; esa foto causó un gran revuelo, se tildó a Carter de ser él más carroñero que el mismo buitre, se le condenó por no hacer nada para "ayudar" al bebé pero nadie detalló nada más, nadie pensó en qué pasó luego de tomar la foto, no notaron el brazalete de la estación de comida de la ONU que llevaba en su muñeca y lo cual indicaba que estaba recibiendo ayuda para el momento en el que se tomó la foto, nadie supo hasta hace poco, que el niño estaba en la zona destinada para que hicieran sus necesidades fisiológicas y por eso la presencia de buitres como algo habitual y ese niño desnutrido no falleció sino a los 18 años de edad.

Esto lleva a la reflexión: hace más el fotoperiodista contando la historia. De no ser por muchas imágenes que han conmovido al mundo no conoceríamos muchas atrocidades que acontecen y que se cometen en los lugares más remotos. Muchas cosas permanecen igual, el hambre sigue presente en muchos de los mismos lugares en los que estuvo hace 10 años, muchos abusos se siguen cometiendo en muchas naciones pero también existe mucha más conciencia sobre estas cosas, existe el conocimiento de estas situaciones y cada día más gente luchando por intentar cambiarlas, y es la suma de conciencia y los esfuerzos lo que algún día conquistará los cambios aunque no es un trabajo fácil y es probable que ni yo, ni tú que me lees, lleguemos a ver muchas de estas situaciones resueltas pero que sí podrían llegar algún día a solventarse, "call me a dreamer, but I'm not the only one" :-)

Resumiendo, en frases, lo que me quedó fijado en la mente:

- Siempre tratar que cada foto sea la mejor foto

- Ubicarte siempre en un lugar diferente al resto.

- Pasar desapercibido.

- Por encima de todo está el respeto por la situación que se está fotografiando y las personas involucradas.

- La situación que fotografíes determinará si prima la estética o concentrarse exclusivamente en contar la historia.

- La cámara es una herramienta para hacer tu trabajo, no un escudo.

- El día que no haya una conexión emocional con lo que fotografíes, que nada te importe o afecte entonces no deberías hacer fotografías.

- Los premios no garantizan empleos.

- Llevar un registro organizado y en físico de contactos y datos importantes, por países o temas.

- A veces con una sola imagen puedes contar toda la historia. Calidad antes que cantidad.

- Desarrollar un sentido de la oportunidad, definitivamente se trata de estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado.

- Cuando se haga un trabajo documental, involucrarse con el tema, conocerlo desde adentro y organizar una lista de tomas que te ayudarán a contar la historia sin detalles de más, ni menos.

- Ya casi todo está hecho, del trabajo de un fotógrafo existe el correspondiente en el trabajo de otro.

Fue una charla muy profesional pero que también exhibió el lado humano de este excelente fotoperiodista, el resto de lo que compartió me lo reservo como un grato recuerdo de esa tarde en la que conocí lo que es un fotoperiodista y les quité el velo amarillista con el muchos otros han estigmatizado, dentro de su prepotente ignorancia, a estos profesionales antes los cuales hay que quitarse el sombrero por su valentía y su entrega.

En definitiva, si nadie nos contara la historia ¿cómo la cambiaríamos? y el poder de la imagen es indudable.



miércoles, diciembre 01, 2010

Día Mundial De La Lucha Contra El SIDA


Recuerdo que el colegio en el cual estudié, a pesar de ser parroquial, recibí una muy buena educación y a los 9 años me asignaron como tarea realizar un informe acerca del SIDA. Desde entonces siempre estuve bastante informada sobre el tema y en casa veíamos documentales o programas especiales al respecto y en el colegio, sí, en el colegio Parroquial, y donde estudié bachillerato, siempre nos daban charlas de orientación sexual y eso incluía el tema del SIDA y su prevención.

A pesar de conocer sobre esta enfermedad yo tendía a verla lejana, como algo que le pasaba a otros pero nunca pasaría en mi entorno.

En mi familia existía el tío mujeriego, el tío que tenía dos novias "formales" y además se tomaba el tiempo de echar "canitas al aire": mi tío Carlitos.

Un día el tío Carlitos comenzó a enfermarse muy seguido, tenía una tos que cada vez se ponía peor, comenzó a perder peso y lucía bastante demacrado. A los "pequeños" de la familia se nos informó que el tío Carlos tenía "cáncer de estómago" pero que estaba recibiendo tratamiento.

Las gelatinas especiales, que él tenía que comer, en la nevera de la casa de los abuelos, el montón de frasquitos de pastillas y también recuerdo la "tensión en el ambiente cuando el tío estaba cerca", la nota de misterio suspendida siempre en el ambiente.

Pasaron un par de años, tío Carlitos había mejorado bastante en ese tiempo pero de repente volvió a recaer, esta vez parecía ser más agresivo. Un día mis papás nos reunieron a mí y a mi hermano, ese día en que consideraron que teníamos derecho a conocer la verdad: "su tío Carlos no tiene cáncer, su tío Carlos tiene SIDA por eso queremos que lo sepan para que tengamos las precauciones necesarias pero que lo hagamos sentir cómodo. Recuerden que no se contagia por estar cerca de él, abrazarlo, tomarle la mano (...) y ahora que lo saben lo más importante es NO LO COMENTEN CON NADIE, ESO DEBE QUEDAR ENTRE NOSOTROS."

Eso se convirtió en el elefante que estaba dentro de la habitación pero del que nadie hablaba.

El tío se fue debilitando, estaba tan delgado que dolía mirarlo y sus ojos eran tan tristes, tan vacíos como si alguien le había robado el alma (si es que existe eso que llaman alma), finalmente lo mató una neumonía terrible, recuerdo que tenía mucho miedo de morirse y mi hermano tuvo que ayudarlo a relajarse hasta que exhaló su último respiro.

Murió rodeado de toda su familia, nunca tuvimos miedo de abrazarlo, tomarle la mano, intentamos hacerlo sentir cómodo y protegido porque sabíamos que afuera nadie lo haría. Aunque todos sabíamos por qué esa pulmonía había sido fulminante eso fue siempre un tema tabú y para los de "afuera" mi tío Carlos murió de cáncer que comenzó en el estómago y luego hizo metástasis.


Pensando en esta historia cercana y tan personal, siento mucho coraje de ese maldito tabú que sigue siendo el SIDA, si alguien lo padece pasa a ser el "bicho infeccioso que todos temen", si alguien padece SIDA es como si pasara a ser un monstruo temible, el señalado, el juzgado por sus pecados. Pero resulta que puede pasar a cualquiera de nosotros, todos estamos expuestos y todos somos responsables de prevenirlo, todos somos responsables de luchar contra una plaga como lo es el SIDA. El primer paso es continuar con la lucha por romper el tabú que todavía existe, que no sea una vergüenza y que las personas que viven esa pesadilla puedan recibir apoyo médico, psicológico y que la sociedad no los excluya.

Recuerdo que antes me daba mucha vergüenza decir que tuve un tío que padeció SIDA porque las pocas veces que lo conté había un silencio terrible y miradas escrutadoras, yo pasaba a ser por un momento el "bicho infeccioso".

Aún falta tanto por hacer para que la lucha contra el SIDA sea cada vez más fuerte, hay tanta gente que educar, tanto que cambiar en la sociedad para que podamos hablar con propiedad del elefante que está dentro de la habitación y tomar "precauciones" y "prevenir" en lugar de sentir "terror".

Si existe un más allá desde dónde mi tío todavía puede mirarnos, que no sienta pena por haber sido una víctima del SIDA y haya tenido que ser un tabú como si hizo algo imperdonable y vergonzoso. Mi tío murió hace ya 18 años aproximadamente, tenía 35 años. La falta de información, el creer que "eso le pasa a los demás y no a mí" y no ser responsable de sus acciones y sus "canitas al aire" porque no conocía el daño que podía causarse a sí mismo y causarle a otros teniendo relaciones sexuales sin protección (no sólo el SIDA). Que no existan más como él, que todos estemos informados, educados y preparados para prevenir y no propagar más esta plaga.

Que no se trata de juzgar lo que hacen otros pues "cada quien hace de su culo un florero" pero que seamos responsables, que nos cuidemos y cuidemos la vida de otros.


¡Usa el condón, detén el SIDA!


mi tío Carlitos de pequeño